La clasificación tradicional de las picoas (Picoa Vittad.) se basaba en las descripciones originales de sus dos especies históricas: Vittadini definió Picoa juniperi por su superficie verrugosa, mientras que Patouillard describió Phaeangium lefebvrei —posteriormente combinada como Picoa lefebvrei— por un peridio piloso y sin verrugas. A esto se añadió después el criterio, ampliamente asumido en la bibliografía divulgativa, de que las esporas serían lisas en P. juniperi y verrugosas en P. lefebvrei. Sin embargo, los estudios filogenéticos recientes han demostrado que estos caracteres morfológicos clásicos no permiten distinguir con fiabilidad las especies del género.
El primero de estos trabajos, realizado mediante secuenciación de ADN ribosómico —ITS y LSU— y del gen RPB2 sobre 70 ejemplares de toda la cuenca mediterránea (Zitouni-Haouar et al., 2015, PLOS ONE 10(9): e0138513), reveló que el género encierra al menos seis linajes genéticos bien diferenciados. Este estudio mostró además que la ornamentación de las esporas no es un carácter diagnóstico fiable, ya que puede depender, al menos en algunos linajes, del grado de madurez del ejemplar. Un segundo trabajo, más reciente (Alvarado, Paz, Lavoise & Van Vooren, 2026, Journal of Fungi 12(2): 84), ha ampliado el estudio genético y morfológico del género y ha propuesto reconocer al menos 19 especies dentro de Picoa, 17 de ellas nuevas para la ciencia, agrupadas en cinco secciones, además de señalar la existencia de otros linajes aún no formalmente descritos que probablemente representan especies adicionales.
Gracias a la secuenciación genética de nuestro propio material, hemos podido identificar varios de estos linajes entre los ejemplares recolectados a lo largo de los años. Sin embargo, no pretendemos realizar aquí una descripción taxonómica formal de estas especies, ya que el número de ejemplares disponibles no resulta suficiente para delimitar con precisión su variabilidad morfológica, especialmente en relación con el grado de madurez de cada espécimen. A esta dificultad se añade otra no menos importante: en una misma zona de recolección pueden coexistir varias especies de Picoa de aspecto muy similar a simple vista —en nuestro caso, hasta tres especies distintas recolectadas juntas en un mismo punto, sin que fuéramos capaces de diferenciarlas en el campo. Por ello, no consideramos segura ninguna determinación específica basada únicamente en caracteres morfológicos, ya sean macroscópicos o microscópicos, y estimamos que solo la secuenciación genética permite asignar con fiabilidad cada ejemplar a su especie correspondiente.
En nuestra experiencia, caracteres como el grado de truncamiento, aplanamiento o umbilicación de las verrugas del peridio presentan una notable variabilidad y no permiten separar con seguridad las especies de Picoa. Estos rasgos pueden ser útiles para describir el aspecto de un ejemplar concreto, pero no deben interpretarse como caracteres diagnósticos fiables si no están respaldados por datos moleculares.
Algo similar ocurre con la ornamentación esporal. En nuestro material, observado al microscopio óptico, las esporas se muestran hialinas, de contorno esférico a subgloboso o ligeramente elipsoidal, y con superficie aparentemente lisa o, como mucho, finamente granulada. Aunque algunos autores recientes han descrito ornamentaciones esporales más variadas en Picoa, consideramos que este carácter debe interpretarse con mucha cautela, especialmente al microscopio óptico, ya que puede verse afectado por el grado de madurez, el enfoque, la preparación y el propio perisporio. Por ello, tampoco nos parece un criterio seguro de separación específica cuando no está apoyado por secuenciación genética.
Presentamos a continuación algunas de estas picoas, todas ellas identificadas a partir de material propio secuenciado, acompañadas de sus fotografías y datos de localización. Estos datos corresponden a nuestras recolecciones y no pretenden sustituir ni ampliar formalmente la distribución publicada de cada especie, remitiendo al lector interesado en profundizar en su taxonomía a los dos trabajos científicos citados.
En conjunto, las picoas presentan un peridio de color pardo a negro y una gleba blanca que se mantiene así incluso en ejemplares plenamente maduros. En ejemplares jóvenes es frecuente observar pelos miceliales de tonos marrón rojizo u ocráceo. Los ascos, rápidamente evanescentes, son subglobosos, pedicelados y contienen 4–8 esporas globosas a anchamente elipsoidales, hialinas, aparentemente lisas o débilmente ornamentadas al microscopio óptico.
En nuestras recolecciones, y en las micorrizas que hemos estudiado, las picoas aparecen siempre asociadas a raíces de Helianthemum spp. Aunque algunos trabajos citan recolecciones realizadas bajo o en presencia de Cistus, Tuberaria, Quercus, Pinus u otras plantas, no debe confundirse la presencia de estas especies en el hábitat con una micorriza comprobada. Los Helianthemum anuales son a menudo muy pequeños y pueden pasar desapercibidos.
Observaciones preliminares procedentes de estudios en curso sobre la colonización micorrícica de Helianthemum por especies de Picoa sugieren que este género podría presentar una notable capacidad de micorrización, lo que ayudaría a explicar su aparición frecuente incluso en zonas donde no se han detectado fructificaciones de Terfezia.
Ascoma subgloboso, bastante regular, de 1-3 cm de diámetro. Peridio negro, recubierto de verrugas poligonales, aplanadas y frecuentemente umbilicadas, que en algunos ejemplares pueden alcanzar hasta 4 mm de ancho (ver detalle de las verrugas). Externamente, estos picoas recuerdan mucho a las trufas de verano. Gleba blanca con venas blancas que engloban el tejido fértil. Olor dulzón, a coco. Sabor agradable. Microscopía: presenta ascos subglobosos, con 6-8 esporas hialinas, globosas a anchamente elipsoidales, con una gran gútula, que miden de 22-28 (32) x 22-25 (28) µm (Q=1,00-1,16). Estas esporas son lisas y solo cuando maduran aparecen finamente granulosas al microscopio óptico.
Localidades: Casas de Lázaro y Alcaraz (Albacete)
Ascoma subgloboso, de 1-3 cm de diámetro. Peridio verrucoso, de color marrón de joven y cubierto de un tomento de pelos ocráceos; en su madurez se vuelve negro y con las verrugas más marcadas. Gleba blanca. Estos dos picoas, aparentemente tan diferentes, fueron secuenciados precisamente para confirmar que pertenecían a la misma especie. El hecho de recolectar varios picoas en una misma zona no implica que pertenezcan a la misma especie: en ocasiones hemos llegado a recolectar hasta tres especies distintas de Picoa coincidiendo en tiempo y espacio en una misma zona. Solo la secuenciación nos permite asegurar la identificación exacta de cada especie.
Localidades: Balazote, Chinchilla de Monte-Aragón, Pozuelo (Albacete). Espinardo, Corvera, Águilas (Murcia)
Ascoma subgloboso, de 2-3 cm de diámetro. Peridio de color negro o pardo muy oscuro, con verrugas muy marcadas. Gleba blanca.
Localidades: La Roda (Albacete). Zarzadilla (Murcia)
Ascoma subgloboso a irregularmente lobulado, de 2–3 cm de diámetro. Peridio de color pardo a pardo negruzco, provisto de verrugas bajas, de 1–1,5 mm de ancho. Ejemplares jóvenes cubiertos por un tomento ocráceo de aspecto piloso, que tiende a perderse con la maduración o por el roce con el sustrato. Gleba blanca. Ascos mayoritariamente octospóricos. Esporas no medidas. Creciendo en asociación con H. canariense. Nuestros ejemplares canarios constituyen, hasta donde sabemos, el primer registro molecular de esta especie fuera del Mediterráneo oriental y el norte de África, donde hasta ahora solo se conocía de Egipto, Chipre y Túnez.
Localidades: Teguise (Lanzarote). Tenerife.
| Antonio Rodríguez trufamania@gmail.com antonio@trufamania.com ORCID iD: 0000-0002-0708-7773 |